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La crisis golpea a una emblemática bodega jumillana

 

Un nutrido número de agricultores se dieron cita esta semana ante Bodegas Fernández, exigiendo el cobro de dos cosechas de uva que depositaron en su momento en esta empresa y que todavía no les han sido abonadas.

Según los agricultores, la bodega se encuentra en una delicada situación económica, con deudas que alcanzan el millón y medio de euros (deuda a agricultores, trabajadores, bancos y Seguridad Social, entre otros), y según cuentan, recibieron hace unos meses una propuesta de pago por parte de la empresa, ofreciéndoles una quita del 33% de la deuda y el resto del dinero se pagaría en diez años, siendo los dos primeros de carencia. Propuesta que no fue aceptada por los viticultores, por lo que la bodega aceptó el pago total, pero también durante 10 años y los dos primeros de carencia. Tampoco esta propuesta fue aceptada por los agricultores, que superan el centenar.


Según los viticultores les ha sido comunicado por la bodega, que ésta se encuentra pendiente de ser autorizada a entrar en concurso de acreedores, información ratificada el pasado miércoles en la reunión que mantuvieron Bodegas Fernández y los agricultores.


Para los viticultores la solución es que los propietarios vendan la bodega y paguen las deudas que tienen, algo que de momento no pasa por la mente de la familia propietaria, quien, a través del gerente de la empresa, Hermógenes Fernández, ha reconocido a Cope Jumilla que la deuda que tienen alcanza el 1’5 millón de euros, pero que el valor de la empresa es más del doble de la deuda. Además, ha sido realizado por una importante empresa auditora un estudio de viabilidad empresarial y no es necesario recurrir a la venta, ya que la empresa tiene posibilidad real de ser reflotada. Para ello es necesario acudir a concurso de acreedores y sanear la economía. Y además se muestra tajante en afirmar que su intención es la de pagar todas las deudas, como ha sido emblema siempre de Bodegas Fernández.


Concluye asegurando que está seguro que esta situación, derivada inicialmente de la crisis económica y potenciada por la crisis sanitaria, es pasajera y puede ser salvada por la empresa.

Precisamente la situación sanitaria es la que no les ha permitido reunirse con los agricultores antes, ya que estaban pendientes de recibir indicaciones y autorización de las autoridades para llevar a cabo el encuentro con sus proveedores.

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