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Illa gana las elecciones catalanas pero los nacionalistas tienen mayoría

 




Vox irrumpe con once escaños, muy por delante del PP (3) y de Ciudadanos (6), que sufre un desplome histórico.


Salvador Illa ganó las elecciones con el 23,4% de los votos y empató a 33 escaños con Esquerra Republicana. Pero lo tendrá muy difícil para gobernar, por no decir imposible, porque las fuerzas independentistas han reforzado su mayoría absoluta en el Parlamento de Cataluña. JxCat perdió, por poco, pero perdió el liderazgo entre las fuerzas soberanistas. Vox pasó de la nada al casi todo, se convirtió en el referente de la derecha no nacionalista y relegó a la condición de fuerzas casi irrelevantes a Ciudadanos y al PP.

Las elecciones autonómicas de Cataluña con la menor participación de la historia, solo votó algo más del 52% del censo, dejaron un tablero endemoniado aunque todo apunta a que Esquerra y JxCat están condenados a entenderse para gobernar aunque ninguno haya alcanzado los objetivos marcados.

Pero hay un cambio no menor, los republicanos, por primera vez en la década del 'procés', tendrán la sartén por el mango. Dependerá de las negociaciones que se abrirán hoy mismo, pero Pere Aragonès tiene las mejores bazas para ser el próximo presidente de la Generalitat. El éxito secesionista, sin embargo, no es completo. Las fuerzas independentistas que entran en el Parlament no alcanzaron el 50% de los sufragios, un listón a partir del cual JxCat y la CUP pretenden avanzar hacia la independencia. Esquerra, más cautelosa, no se ha pillado los dedos con cifras. Se quedaron en el 47% largo, como casi siempre en las últimas elecciones, aunque algunos apuntan a que han rebasado esa barrera con la suma del PDeCAT, PNC y otras fuerzas menores extraparlamentarias que elevan el respaldo al 50,7%. Será un argumento a no perder de vista.

El difícil tripartito

Hay otra alternativa, el tripartito de ERC, PSC y los comunes, pero los republicanos se ataron las manos en la campaña al renegar del entendimiento con los socialistas. Queda por ver si las ligaduras son de cáñamo o plastilina. Si los de Junqueras optan por un improbable pelillos a la mar, darían un giro de 180 grados al tablero político, aunque las primeras valoraciones no iban por ahí.

Illa no se dio por vencido, y anoche ratificó que se presentará a la investidura como ganador de las elecciones aunque le falten los apoyos para gobernar. No lo tendrá sencillo porque ese paso depende del presidente del Parlament, que será, a buen seguro, un independentista. Lo consiga o no, Illa y los socialistas tenían razones para estar más que satisfechos. El PSC casi duplicó los escaños obtenidos en diciembre de 2017, y se convirtió, como en 1999 y 2003, en la primera fuerza política de Cataluña después de haber visitado al averno.

Pero el propio Illa intuye que tiene fuera de su alcance el Palau de la Generalitat. «El cambio, tardará más o menos tiempo, pero llegará», afirmó en un mensaje que quería ser de esperanza para las siguientes elecciones. Salvo que ERC protagonice una pirueta inesperada.

El otro ganador de las elecciones es Vox. Vapuleó a Ciudadanos y al PP, al que duplicó en votos. El partido de Santiago Abascal pasó de la nada a ser la cuarta fuerza política con un discurso jacobino radical, antisoberanista sin concesiones y contra la inmigración ilegal. Una campaña «pegada al terreno», según Abascal. Un 'sorpasso' que tendrá repercusiones en la derecha de toda España. Y es que en estas elecciones, además de ponerse a prueba el 'efecto Illa', el 'efecto mariposa' es indudable.

Pablo Casado no va a tener hoy un buen día. A la turbulenta digestión del batacazo catalán se sumarán las visitas de Luis Bárcenas a la Audiencia Nacional. Pero su mano derecha, Teodoro García-Egea, trató de calmar la tormenta antes de que suenen los truenos. «Las elecciones catalanas nunca son extrapolables a nivel nacional», avisó anoche el secretario general del PP.


Si la tristeza caminaba por los pasillos de la calle Génova, qué decir de Ciudadanos. Los liberales se quedaron con la sexta parte de los 36 diputados logrados en 2017, la hemorragia de votos fue del orden del 80% y pasó de ser primera fuerza a séptima. Inés Arrimadas ha convocado para hoy una reunión urgente de la dirección del partido.

Como la alegría va por barrios, en la CUP todo eran parabienes. Los antisistema más que doblaron su representación en el Parlament y vuelven a ser la llave para la mayoría soberanista en la Cámara, y ya la usaron en 2015 para mandar a Artur Mas a la papelera de la historia. En Comú Podem también encontró motivos para la sonrisa. Mantuvo sus ocho diputados, que no es poco tras los reveses de los morados en Galicia y País Vasco, después de una campaña en la que tuvo dificultades para sacar la cabeza y en la que la aportación de Pablo Iglesias fue, al menos, discutible.

RAMÓN GORRIARÁN

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