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El Cid, tergiversación ochentera con tintes de Braveheart


La nueva serie de Amazon prime video El Cid, (España, 2020. Dirección: José Velasco (Creador), Luis Arranz (Creador), Adolfo Martínez Pérez, Miguel Alcantud, Marco A. Castillo) Aterrizó en las pantallas en streaming el 18 de diciembre de 2020. Es decir aquellos abonados a la plataforma Amazon prime vídeo, podrán disfrutarla de un tirón.

Para empezar la serie se desborda en decorados y grandes planos de Drone.  Cosa que se agradece mucho. Acostumbrados a series anglosajonas y yanquis donde gastan un dineral, y por eso salen bien, sorprende los recursos y esfuerzo de la dirección por la ambientación y el uso de espacios naturales. Aunque en algún que otro plano, el borrado digital se hace patente. Pero no es ese el mayor problema que plantea esta serie, que a mi modo de ver, hubiese sido muy buena si cuidaran dos o tres detalles. 

Pero vayamos al meollo. No quiero destripar la serie si aún no la han visto, pero es que no puedo resistirme. Vamos a ver señores directores, porque son varios y a cual más arrogante. Están realizando una serie sobre el Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, no un spin off de Star Wars. Y digo esto porque salvo algunos pasajes monárquicos que están detallados en documentos históricos, todo o casi todo es inventado y mal hecho. 

Como mínimo se podían haber leído el cantar del Mio Cid, que aunque es leyenda y el poeta se inventa mas de la mitad, tiene un sentido. Pero en esta serie solo vemos a un niño al que matan a su padre en batalla y que se tiene que ir con su abuelo, de pelo blanco largo y barba, hereda la espada de Carlomagno, y le dice que la tendrá cuando la merezca. ¿Les suena? (Yo eso mismo lo vi en Braveheart.) Y cuando en un plis - plas, llega a adolescente, parece un macarra ochentero. Sí en serio se peina como McGiver y usa una jerga de Dos Hermanas que de pronto uno dice, ¡anda, mira! ¡el torete!


Y lo peor es que refunfuña con un léxico actual y gestos sobreactuados, impropios de la época. No voy a entrar en los detalles de maquillaje, pero tan rasuraditos y dientes tan blancos, no los tenían en aquel siglo. Por que ya puestos en cuidar detalles hasta el punto que nos enseñan como cagaban y les limpiaban el culo con la estopa de esparto, pues una barbita no quedaría mal. Sí vale Gibson no la lleva, pero él es un actorazo, no le hace falta. Y mira que tiene fallos históricos su peli.

Sigamos, Las mujeres de la serie son adolescentes de instituto, bromean con los vasallos y escuderos como quien esta ante una comedia americana tipo West Side Histroy. Yo esperaba que en cualquier momento se pusieran a cantar aquello de " I like to be in América...!" Y el macarrilla de Denver...¡Ay! no esa es otra serie. El macarrilla del Cid, que aún no lo es, pone cara de bronca y muecas a lo Jim Carrey, sobre un tipo que es hijo de un noble. Y Ruy, al que todos llaman así, como las pandillas de los institutos, se hace el gallito cuando el príncipe Sancho lo hace escudero y se permite darle unas tortas al hijo del noble.

Lo que sabemos de la vida del Cid, es muy poco, realmente su leyenda comienza unos 80 años después de su muerte y se basa principalmente en el cantar del Mio Cid, que los americanos allá por el 1961 sí se asesoraron bien.  

La polémica de esta serie son varias. Lo principal el poco rigor histórico, no sabíamos que el padre del Cid, era Carlomagno, ya que le deja su espada en herencia, en realidad la Tizona ni era del Cid, ni tenía porque serlo, ya que era una espada de Castilla y era un arma de lujo que se fabricaba en Córdoba, entonces musulmana y que solo la recibían aquellos que podían pagarla. 


Muy mala para la batalla por su tamaño y peso y lo más habitual era la lanza. Aunque el poeta escribe el cantar unos 200 años después de su muerte, queda muy bonito en la rima lo de la Tizona, pero ni siquiera el Cid sabía como se llamaba. Y es posible que se la regalara algún musulmán ya que durante un largo tiempo ejercía como mercenario luchando en un bando y el otro. 

La otra polémica es el uso de las escenas como arma política, escenas de la infanta cagando y las sirvientas limpiando el culo, no vienen a cuento en una serie de ficción. Un documental es distinto ya que la explicación viene explícita de porqué lo hacían. Y era normal con los ropajes que llevaban las mujeres, era imposible limpiarse por sí mismas. Independientemente de ser noble o sirvienta. Aunque si quieren rigor histórico con esa escena, deberían saber que no se limpiaban. En aquella época la higiene era pésima. Cosa que contrasta con los moros de la serie que salen hasta perfumados. Algo exagerado lo limpios que van en comparación con los cristianos. 

El hecho de que las mujeres hablaran con los nobles e infantes como quien ve a uno por el mercado, y la emancipación de la mujer. La infanta Doña Urraca reprochaba que si no es reina es porque es mujer, (aquí me dio la risa) En el siglo IX, señores directores, la mujer en palacio no existía. En toda Europa, todo era ego masculino y machismo depravado cultura heredada desde los romanos. La gente se batía a muerte solo porque una mujer miraba a otro hombre.  Ni siquiera una mujer podía hablar con otro hombre sin presencia de su marido. 

Otra polémica es la bandera, no existía la bandera española, faltaban como 7 siglos para ello. Y que los cristianos le llamen Campeador en la serie, queda muy raro ya que, no recibió ese sobrenombre hasta que fue mercenario. Y Cid se lo pone el rey de Zaragoza. Yúsuf . al-Mutaman por sus servicios. (En el año 1081 el empuje del rey aragonés, Sancho Ramírez, era considerable, amenazando las fronteras de la taifa desde el norte. Para resistirlo, Al-mutaman contó con los servicios de las tropas mercenarias de El Cid, que recibió además el encargo de reincorporar a Zaragoza los territorios orientales de su pariente al-Múndir, aliado de Aragón.) Y que significa Señor, en referencia a Mi señor, mi Caudillo, mi Príncipe. De ahí que el poeta lo escriba como Mío Cid (Mi señor).

En definitiva una serie sin pena ni gloria, con más desinformación que otra cosa y que con un casting mejor y una documentación mínima hubiese sido una gran serie al estilo de Juego de tronos. Y si hay que decir algo en su favor, las escenas épicas están muy bien hechas. Las luchas no son Gladiator ni Braveheart, pero entretienen y visualmente llenan la pantalla. 

Ralf B Leepman.


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