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Ley Celaá o el principio de la Stasi


Mientras Europa vivía un progreso económico vigoroso en los años 60 y principio de los 70, en la Europa del este y más concretamente en la Alemania democrática, resulta curioso que donde más dictadura existe más se emplea la palabra democracia, la recesión era palpable. 

La escasez de medios, de comodidad y cobertura social era muy deficiente. Pero nadie se quejaba de ello. En los últimos 25 años se había desarrollado una población sumisa y conformista que no sólo estaba satisfecha con el régimen, si no que se denunciaba a los elementos subversivos que estaban en contra de lo que habían vivido años antes. 

Muchos recordaban la Alemania grande que el partido Nazi había creado antes de que estallara la guerra. Y si el mundo culpa a los alemanes, debería saber que un elevado porcentaje de la población no sabía lo que el gobierno hacía. Por la sencilla razón de que lo que hacía, lo hacía fuera de Alemania. Y las comunicaciones no eran como hoy, aparte de que la propaganda socialista del partido Nazi, se encargaba de tergiversar los hechos. Por lo que el pueblo alemán vivía en la más absoluta ignorancia de lo que ocurría más allá de las fronteras de su ciudad hasta que se inició la guerra.

Para ejercer un control absoluto sobre la población, el partido social-comunista de la época Stalin, creó una policía que se encargaría de mantener lo que se denominaba "nueva normalidad" y que consistía en varios puntos. El primero fue atajar la educación que los niños recibían. De esta manera, todos los colegios de Alemania del este, pasarían al estado. Quien asumiría el control de los docentes eliminando a aquellos cuya trayectoria profesional inducía al libre pensamiento. Los maestros serían cambiados en su totalidad por maestras que seguirían la agenda propagandística del partido en las primeras etapas del alumnado. Después, en cursos más avanzados, la figura maternal de la maestra se sustituía por la férrea del maestro que sometía a un duro entrenamiento mental al adolescente creando polémicos episodios domésticos. 

Otro de los puntos a tratar fue el de la eliminación del alemán como lengua vehicular en favor del ruso, sin embargo esto no cuajó como en otros países como Ucrania que se impuso con suma facilidad. Tampoco los alemanes estaban por la labor de hablar ruso, las diferencias son muchas y era muy complicado. Por lo que se deshecho la idea de inmediato, pero se propuso. Se centraron más en la ideología.

Una de las directrices de las maestras era el preguntar a los niños qué programa habían visto en su casa la noche anterior por televisión. Y aquellos que respondían sobre los emitidos en la Alemania federal libre, se comunicaba a la Stasi que se encargaba de los padres. Y ya se pueden imaginar de qué manera. 

El método de enseñanza social-comunista de aquella época, no sólo era muy deficiente, ya que materias como la historia estaba totalmente tergiversada a favor del estado soviético, si no que la manutención de los colegios y personal era una carga que los ciudadanos soportaban con los impuestos. Que eran desorbitados. Porque una de las estrategias del social-comunismo es controlar la riqueza de la población a través de impuestos. Nadie podía sobrepasar un baremo marcado anualmente. 

La educación especializada en personas con dificultad, física e intelectual, y aquellos que estaban en desventaja por movilidad o necesidad de una educación más cercana desapareció, ya que el estado consideraba a todos los infantes por igual, que no pertenecían a los padres y que estos no podían elegir ni tener voz ni voto sobre la educación de sus hijos. 

El terror, la desconfianza y el miedo que existía entre la población de la Alemania democrática del social-comunismo, hizo que una policía férrea como la Stasi, que con poco más de 90 mil hombres para una población de 17 millones, se garantizara un control absoluto porque en cada edificio tenía a un espía fiel al partido que chivaba los movimientos de sus vecinos. El resultado fue que hubo tal cantidad de espías que contaban uno por cada 7 ciudadanos. Nadie sabía quien era quien, y se desconfiaba de todo el mundo. Porque si criticabas el sistema delante de alguien, aunque fuese tu esposa o marido, hijo o hermano. No sabías el tiempo que durarías vivo. 


Ralf B Leepman



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