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YO, EL HALCÓN



Yo, el halcón (Menahem Golan, 1987) es quizás, la mejor película de Stallone fuera de los iconos de Rocky y Rambo. Si bien hay otras películas en solitario y donde encarna a personajes reales como Kovak en Fist, símbolo de fuerza. Esta es la única película dedicada a un deporte muy arraigado en EE UU que no tiene continuación. Lo cual se agradece ya que quedó cerrada y sin forma de continuación. Stallone no es ningún tonto y sabe escoger muy bien a los personajes a los que interpreta. En esta ocasión, la cinta con una dosis pequeña de acción, supone un desafío físico para el actor a la hora de enfrentarse a colosos que le duplican en tamaño y peso.

Se rodó en Las Vegas, en un escenario real de campeonato del mundo de pulso, donde podemos ver incluso, fracturas de brazo reales. Así como el nivel cultural y bestial de los participantes. El combate final entre Lincoln Hawk (Stallone) y   Bob "Bull" Hurley, ( + 2003) (quien a partir del film se hizo actor, era luchador de brazo profesional y el actual campeón del mundo de esa disciplina en ese momento.) fue rodado en tres partes, ya que la inmensa fuerza de Bob, suponía un esfuerzo extra para Stallone. Para el primer asalto, donde vence el rival, se colocó la almohadilla lo suficientemente alta como para que Stallone no sufriera ninguna lesión al perder.  El truco del guante se lo enseñó otro de los participantes; Magic Schwarz, el primer camionero con el que pelea en el Bar de carretera. 

Sin entrar en detalles artísticos de los que habría mucho que hablar al contar con gente no profesional, Stallone no quedó nada contento con el resultado, y aceptó el papel por la suma astronómica de dinero que le pagaron 12 MM USD. de la época.  Hoy sería algo a sí como 26 MM de euros. Se contrató a Robert Loggia, el abuelo odioso, que dio un mínimo de calidad a la cinta. Sin embargo, el éxito (poco) comercial de la película fue la historia del padre que intenta recuperar a su hijo de una forma heroica. Su banda sonora y la lucha de superación personal.  En cine pasó con más pena que gloria, pero su fuerte fue el mercado doméstico. Donde el VHS imperaba y fue la estrella de los vídeo clubs de barrio. 

Disfrútenla en HD no deja de ser una muy entretenida película y si la ven con los ojos de entonces, se verá muy buena. 


Ralf B Leepman.






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