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Mis historias de la Radio (Preámbulo II)




¿Cómo me uní a aquel maravilloso grupo de jóvenes en torno al mágico mundo de la radio?

Como decía en la anterior cita, al día siguiente de la representación de ‘Jesucristo Superstar’ en el Colegio de Las Anas, fuimos a devolverle el micrófono a José Luis, nos enseñó su pequeña y coqueta emisora de radio, instalada en su caluroso trastero, e incluso nos invitó a hacer un programa de música.

Así que, en aquel grupo con Miguel Molina, Juan Antonio ‘Saleri’ (DEP), Cristóbal Tomás (DEP), Paco ‘El Chuano’, nos atrevimos a ponernos delante de unos giradiscos ‘Dual’ y un micro (posiblemente ‘Fonestar’), entrando así a formar parte de aquel grupo de colaboradores que ‘El Fofi’ tenía para su emisora, entre ellos ya estaba Herminio Marín.

En las ondas no nos identificábamos por nuestros nombres, sino que cada uno usaba un pseudónimo, supongo que, para curarnos en salud, pues en aquella época todavía estaba controlado el emitir sin licencia, no como ahora que más del cincuenta por ciento de las emisoras están funcionando sin autorización.

La memoria me falla y sólo recuerdo que Miguel Molina era ‘Trastos’, Herminio Marín usaba ‘Currón’, José Luis Gil se presentaba como ‘Dr. Bogie’ y un servidor como ‘Padre Abraham’. Lamento mucho no recordar los alias de Saleri, Cristóbal o Paco. 

Anécdotas de aquel mágico trastero, cientos. La primera que me viene a la memoria es cuando una calurosa tarde de verano, antes de que comenzase a caer el sol, se presentó allí una pareja de la Benemérita. Eran los agentes, ya fallecidos, Ginés y Pedro.

El sudor nos inundaba, y no sólo por el calor que hacía, sino por ver ante nosotros a aquellos dos Guardias Civiles, que en nuestra mente sólo podían estar allí por una razón: estábamos haciendo algo ilegal.

Pero no, fueron a vernos porque algún reflejo de las ondas de emisión de aquella ONDA 2, les producía interferencias en sus emisoras de comunicación. Y aunque nos dijeron que les gustaba mucho escucharnos, debíamos arreglar aquella situación ya que su frecuencia tenía que estar libre para recibir las comunicaciones de la Comandancia.

Aquel mismo día, las mágicas manos del Fofi se pusieron a ello y solucionaron el “problema técnico”, término al que tanto recurrimos en la radio.

Ginés y Pedro, los guardias, muy cordiales, por cierto, se interesaron por la emisora, tenían curiosidad por conocer el interior de una radio, y nosotros, pasados los nervios iniciales, les explicamos con todo lujo de detalle cada uno de los artefactos que hacían falta para poder emitir.

Por hoy, aquí lo dejo, y en la próxima cita seguiremos recordando los inicios de lo que sería la primera radio que emitía con continuidad en Jumilla en la reciente recuperada democracia.

Juan Antonio Soler Salar.

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