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En el año 2161, el gen del envejecimiento humano ha sido desactivado. Al cumplir los veinticinco años, las personas dejan de envejecer. Transcurrido un año, mueren de un ataque cardíaco a menos que «ganen» tiempo y rellenen con él sus «relojes de vida», que llevan la cuenta regresiva como un reloj digital en sus antebrazos izquierdos, programado desde que nacen.

El tiempo de vida se ha convertido en «dinero» y es la forma con que la gente paga sus lujos y necesidades. Los ricos pueden vivir muchos años y hasta eternamente, mientras que el resto de la población pobre debe trabajar, negociar o pedir préstamos para poder vivir el día a día (sus «relojes de vida» a lo más tienen siete días de vida). Cada persona vive en una «zona horaria» distinta, en función de su estatus social.

Fue de las primeras en ser grabada en su totalidad en formato digital. Y Justin Timberlake, es mayor que la actriz que representa a su madre, Olivia Wilde. Para no gastar demasiado en efectos especiales y diseñar una ciudad futurista, la mayoría del film se desarrolla en barrios marginales de Los Ángeles, dando a entender la poca evolución técnica de esa parte de la sociedad. Tampoco se observan grandes cambios tecnológicos en casi toda la película, de hecho, y sí sería un detalle importante para una sociedad decadente, es que no hay televisión. Excepto los paneles digitales de lo que se supone es Los Ángeles. En definitiva buen guión y buenos actores. Bien hecha y entretenida.

Ralf B Leepman





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