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LOBO







Will Randall es un ejecutivo de mediana edad, un tanto apocado, que trabaja en una importante editorial. Conduciendo su coche, en una noche de luna llena, se ve obligado a pararse a causa de la nieve. Al bajarse del vehículo, un lobo le muerde una mano. Pronto empieza a notar extrañas transformaciones en su cuerpo coincidiendo con las fases de luna llena.

Nadie mejor que Nicholson para encarnar al licántropo más famoso del planeta. Cuando vi esta producción de 1994, me dije a mi mismo lo cutre me parecían las películas clásicas de Paul Naschy. Que tenían su gracia, ese hombre lobo español, y que salvo las primeras donde se esmeraron en el guión, La noche de Walpurgis era estupenda, las demás seguían contando una y otra vez la misma historia. Lo que diferencia al cine americano del nuestro, es que cuando se inicia una saga, y con los mismos personajes,  continúan donde lo dejaron. Rocky es un buen ejemplo.

Sin embargo, aquí nos hacen ver de nuevo el origen del Hombre Lobo, además con el mismo personaje. Waldemar Daninsky. Pero volviendo a la cinta que nos ocupa, la reacción de Nicholson una vez transformado, es estupenda, y no me refiero en su aspecto de lobo, si no en su forma humana, la forma de marcar territorio, cómo se crece en autoestima  y  trasnmite esa fuerza. Claro que el registro de Nicholson no es el de nuestro Jacinto Molina.


Ralf B Leepman






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