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VINOS DE JUMILLA TRIUNFAN EN CARAVACA DE LA CRUZ

Cábila Reales Halcones Negros del Desierto, organizó el sábado día 1 una estupenda cata de vinos jumillanos en el restaurante El horno, en Caravaca de la Cruz.



Domingo, 2 de febrero de 2020.


No podía comenzar mejor el mes de febrero que acudiendo a una estupenda cata de vinos de Jumilla en Caravaca de la Cruz, organizada por Cábila Reales Halcones Negros del Desierto. 

Cuando llegué me encontré con un restaurante atípico. Su decoración, exquisita, contrastaba entre lo sencillo, clásico y moderno. El clima era agradable, aunque fuera todavía me peleaba entre el gabán y la manga corta, dentro sobraba el abrigo hasta el punto de estar cómodo en camiseta. 

Tras la presentación por parte de Francisco Plaza, campeón de España de vinos de la ciudad de Ávila y profesor de la Escuela Internacional de Cocina, y la introducción de Álvaro de Miguel, vicepresidente de sumilleres de Castilla la Mancha. Pasamos a la degustación de los vinos que nos ofrecían y las viandas que los acompañaban. 

La primera oferta corría a cargo de un vino blanco, Ontalba Sauvignon Blanc Ecológico de bodegas Ontalba. 
Un vino fresco, muy agradable, presenta matices afrutados. De un color oro pálido y casi blanco en su extremo. Al inclinar la copa, intensificaba su color dorado con ligeros destellos amarillos que a la vista lo hacían muy atrayente. En nariz se notaba el frescor de fruta, y un equilibrio alcohólico que no mataba el aroma de su origen. En boca no tan seco pero equilibrado, con poca acidez y un sabor muy limpio que despejaba el paladar incitando a tomar un poco más. 

Sin embargo, no acompañaba del todo bien con el plato elegido. Un Tartar  de Ventresca de Atún Balfegó al Natural. Exquisito y de presentación magnífica. Bien macerado al que faltaba un toque cítrico para ser perfecto. Al ser un pescado azul, es demasiado consistente su sabor para un vino al que se echaba en falta un toque carbónico que hubiese elevado el momento a diez. 

Le seguía un rosado de la Familia Pacheco. De bodegas Viña Elena. Un vino que acompañó muy bien a un plato espectacular.

Tengo debilidad por este magnífico rosado que no sólo acompaña bien cualquier plato del mar, sino que no se queda atrás con los platos terrestres. Desde un arroz hasta un aperitivo. Fresco de sabor suave que se intensifica al final. Y cuando se sirve bien frío, como fue el caso, tiene pocos rivales. Su color rosa subiendo a frambuesa, no se clarifica en la inclinación demostrando la calidad de este vino. En nariz tiene fuertes matices a frutos rojos, y el frescor de la fruta con la que se ha hecho. En boca es agradable y lo suficientemente seco como para limpiar y abrirse paso despejando el resto de aromas, para permanecer en nuestros sentidos durante el tiempo suficiente hasta el nuevo bocado. 

Maridaba perfectamente con un plato que se quedó en un ocho. Pese a su perfecta presentación, y su magnífico sabor no lució lo suficiente al ser servido en un recipiente incómodo para su degustación. Faltaba una cuchara que de un solo bocado se experimentara el intenso sabor bien definido de sus ingredientes. Taco de pulpo con cremoso de patatas. 

Llegó el turno a Luzón colección Monastrell. Bodegas Luzón. 


Este tinto con personalidad y carácter presenta un color intenso. Rojos potentes y violáceos en inclinación. Intensas lágrimas que intensifican su equilibrio alcohólico. En nariz es fuerte, con matices de bosque y humedad. Mezcla de recuerdos y aromas que despiertan en el comensal una ligera nostalgia otoñal. En boca no podía ser menos y se perciben los aromas del bosque. Sin embargo, despunta una excesiva acidez que en personas sensibles puede resultar demasiado intensa. 




Maridaba muy bien con un plato que en esta ocasión, superaba al vino. Taco de costilla deshuesada con verduras a la brasa. La carne estaba perfecta y la presentación original y magnífica. Los sabores de las verduras encajaban perfectamente equilibrando un plato sin excusas para esa ocasión. Si tuviera que poner un pero, sería la presencia del aguacate en la base, la antesala de una cama de torta manchega natural, que acompañaba a la perfección. Y que aportaba un magnífico frescor y sabor que finalizaba con un matiz graso que la acidez y potencia del vino suprimía perfectamente.  Sin embargo, y dada la cantidad de personas que resultan alérgicas a este producto, aguacate,  creo que se debería de especificar en el nombre del plato. 

El cuarto sorprendió con mucho agrado. Vino tinto Alceño 12 variedad Monastrell. Un vino que no sabe a como huele. 
En copa presenta un tono rubí intenso que aparece en inclinación. En nariz se intensifican los aromas a naturaleza, destaca el olor a madera fresca, vainilla y frutos rojos. Es un vino con cuerpo y escaso lagrimeo. No necesita de demasiada oxigenación. En boca cambia completamente, es fresco, seco y carece de una acidez potente. Su sabor es intenso y limpio dejando un recuerdo de bodega y sensación muy agradable. Maridaba como un guante con un plato principalmente graso y que el vino hacía su labor a la perfección. Cochinillo cocinado a baja temperatura con patatas baby a la brasa como guarnición. 

El plato que presentaron era un manjar como los que a veces, vemos por televisión. La piel del cochinillo estaba crujiente y fácil de comer, la carne, mantequilla. Y no por grasa, sino por tierna. era un placer. Acompañaba una salsa en su base, que no te cansabas de ella.  Y las patatas hacían su función, aunque para mi gusto, y como pude comprobar, no me equivocaba, por como se quedaban los platos vecinos, excesivas piezas. Quizás con la mitad hubiese bastado. 

El último en degustar fue el de Bodegas Silvano. Silvano García Dulce Monastrell. Un vino fuera de serie que destaca por su color negro. En nariz despierta recuerdos de la infancia y se transmite el dulzor de la fruta de una manera prodigiosa. Se sirvió frío y en boca no es empalagoso, se nota la fuerza de su cuerpo y es espeso, cosa que se agradece mucho. Arrastra todo los restos del postre y permanece durante un elevado tiempo. Es muy agradable y su equilibrio alcohólico está muy definido. Se bebe muy bien e invita a otra copa. Perfecto para el postre 

que nos ofrecieron, que bajó ligeramente la nota de la degustación de la comida. Pese a estar perfectamente presentado, este Coulat de queso Manchego acompañado de Pan de Aceite y Chocolate, estaba bueno, pero no delicioso. El Coulat estaba un poco seco y perdió la cremosidad de un queso manchego que hubiese subido a diez el plato. El pan de aceite sí estaba bueno y se podía saborear el sabor del oro líquido. Sin embargo, uno tipo arbequina más afrutado, hubiese estado mejor que el ligeramente amargo que nos ofrecieron. 




La velada concluyó con la despedida de los anfitriones y con la promesa de una repetición. La entrega de premios de reconocimiento, y una simpática charla de la cocinera que fue aplaudida por el estupendo menú que nos presentó. La compañía de la que disfruté durante toda la tarde, y donde conocí a personas tan increíbles como Alberto, el autor de la tarjeta carta, que a demás de ser una excelente persona, demostró un sentido del humor inteligente como pocas veces he visto.  


Rafa Benítez



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